UPA! en El Amante
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NO SE PIERDAN LO QUE ESCRIBIO EL DIRECTOR DE "EL AMANTE"
Bafici07 - 04 - El cine argentino recupera la gracia (Gustavo Noriega)
Vi dos películas argentinas que me gustaron mucho. Son muy distintas, al punto que imagino que al creador de una no le gustaría la otra y viceversa. Sin embargo, yo creo que la cosa pasa por ahí, por construir un cine argentino que tenga como parámetros posibles dos formas bien diferentes pero con un enemigo en común, como creo que lo son Música nocturna, de Rafael Filippelli y UPA! Una película argentina, de Santiago Giralt, Camila Toker y Tamae Garateguy.
La última película de Filippelli es, quizás, la mejor que haya hecho. La trama parece el argumento de una hipotética serie llamada Cincuenta y pico. Un matrimonio, medio descascarado, compuesto por un escritor que no llega a redondear un libro (Enrique Piñeyro) y su mujer, una dramaturga más establecida y exitosa (Silvia Arazi), desgrana su fin de semana entre encuentros y desencuentros. Sacando alguno que otro taxi, todos prefieren caminar por una Buenos Aires adormecida, hermosa y nocturna, magníficamente fotografiada por Fernando Lockett. La película es elegante y de una ligereza encantadora. El trasfondo es amargo pero se transmite con felicidad, generando placer, una combinación que se da en pocas películas. No todo es perfecto en Música nocturna y algunos de sus defectos derivan de sus virtudes. Al no estar atravesada por procedimientos godardianos, como en algunas de sus obras anteriores, la película tiene un aire más realista y una fluidez remarcada por la belleza de la fotografía y la música. Contra ese naturalismo se chocan algunas actuaciones (Enrique Piñeyro establece un estándar tan alto que a algunos actores les resulta difícil empardarlo) y el carácter literario y sentencioso de algunos diálogos. Sin embargo, se trata de una verdadera lección para el cine argentino: Filippelli no solo dicta cátedra en la FUC, donde formó a muchos de los representantes del Nuevo Cine Argentino, sino que también lo hace con sus películas. Los jóvenes deberían absorber no solo su rigor, sino también el espíritu juguetón, el amor por la belleza y la valoración de la inteligencia.
A primera vista no podría haber nada más alejado de Música nocturna que UPA! Con un montaje nervioso y la cámara temblequeante rodeando la intimidad de los actores, cuenta la historia de un rodaje de producción ínfima, financiado por un premio en un festival de Noruega y sostenido más por la fatuidad y el deseo que por el amor a un arte o un oficio. La película dentro de la película es un mamotreto pretencioso y absurdo, cuyo momento dramático más intenso es la palabra "histerectomía" dicha en noruego.
Dos de los miembros del trío creador estuvieron implicados en varias obras del Nuevo Cine Argentino: Santiago Giralt con Albertina Carri y Camila Toker protagonizando cortos y largos de Juan Villegas y Celina Murga. Sin embargo UPA no es un ajuste de cuentas personal sino que se eleva a una toma de posición general sobre el cine joven argentino. La película que hicieron adhiere a una crítica que se le viene haciendo y que desde esta tribuna enarbolamos fervorosamente: su tendencia a la falta de humor, su gravedad, la solemnidad que viene ganando espacio y tiende a retroceder el cine nacional a sus peores épocas. A todos estos males que describe con justeza, UPA responde con la película misma: graciosa, irreverente, fresca, inmediata, directa. La película arranca con un tono farsesco casi televisivo pero poco a poco va ganando densidad. Pero ese mayor espesor no está logrado (como en Trömso/Tandil, la película que están rodando) a costas de diálogos "importantes" o picos dramáticos artificiales sino sosteniendo el tono, desarrollando a los personajes y confiando en la capacidad de la risa como señal de inteligencia. Los tres actores (los mismos directores) hacen un trabajo extraordinario y contribuyen a que la película haga suya aquella frase de Renoir que decía "todos tienen sus razones". Dentro de la ferocidad de la película, los personajes alcanzan a demostrar su inseguridad, su terror por el vacío y del cual el cine no puede ser más que una falsa tierra donde afirmarse.
Tato en Música nocturna como en UPA se visita al teatro con una mirada despectiva. (El plano de Camila Toker gritando "¡Viva Perón, carajo!" como parte de una no menos disparatada obra teatral es uno de los momentos más graciosos de la película). Pero el punto en común más importante es que ambas se plantan, cada una con sus armas, frente a la pesadez y solemnidad del cine argentino contemporáneo. Ambas parecen la respuesta inmediata, como en un diálogo de comedia, a otra de las películas nacionales presentadas en el festival. Se trata de El desierto negro, una de cowboys gauchos, filmada en blanco y negro, que alcanza los más altos niveles de solemnidad y falta de humor que se tenga memoria. Contra ese cine que ignora o destruye los logros renovadores de la nueva generación, se nos ofrece el refrescante antídoto de Filippelli y el trío upesco.
Gustavo Noriega
